Rápido para castigar

**Este reportaje es cortesía de Catalyst-Chicago, donde apareció por primera vez. También es parte de la Cadena de Noticias de Justicia Social de la Universidad Northwestern, un proyecto centrado en el impacto de la guerra contra las drogas en las comunidades de Chicago.
As the perceived risk of marijuana use goes down, its use among teenagers is on the rise, according to a recent survey by the National Institute on Drug Abuse. Photo by Bill Healy.

As the perceived risk of marijuana use goes down, its use among teenagers is on the rise, according to a recent survey by the National Institute on Drug Abuse. Photo by Bill Healy.

Estudiantes sorprendidos con una onza o menos de marihuana son más propensos a ser arrestados en la escuela que un estudiante que inicia una pelea o roba. Cientos de adolescentes son arrestados cada año por delitos relacionados con marihuana – delitos que sólo significan una multa para adultos en Chicago.

Cory Warren y un grupo de compañeros de la secundaria Phillips Academy tenían un reto: Trabajar con una organización comunitaria para tratar de persuadir a sus compañeros de que el beber y consumir drogas son malas ideas.

El abuso de alcohol y drogas es un tema que prácticamente nunca se habla dentro de las Escuelas Públicas de Chicago, incluso en las escuelas secundarias, dice Warren. Sin embargo, los adolescentes pueden ser susceptibles a la presión de sus compañeros para que beban y consuman drogas, y las consecuencias por delitos relacionados con drogas dentro de CPS pueden ser graves.

“Creo que en la escuela primaria nos dijeron que no fumamos cigarros, pero nadie dijo nada acerca de la marihuana”, Warren recuerda. Pero fumar marihuana y consumir alcohol esta en todo su alrededor, dice–en la calle, en casa y en un particular pasillo en la escuela. Como jugador de fútbol americano, Warren se aleja de consumir alcohol o marihuana. Y a él desesperadamente le gustaría que su hermano menor hiciera lo mismo.

Hoy en día, el consumo de drogas recreativas como la marihuana es legal en dos estados y técnicamente sólo justifica una multa en Chicago. Así que Warren y sus compañeros de clase eligen un mensaje profundo para su parodia, que se enfoca en el impacto negativo de asistir a la escuela drogado y emborracharse en el baile de graduación.

“Tus ojos se ven súper-rojos y vas a estar en las nubes durante clase”, dice Warren. “Así que si vas a consumir drogas, espera hasta después de la escuela.”

Ser descubierto bajo la influencia o llevar drogas dentro de CPS tiene consecuencias más allá de lo académico, que va desde una corta suspensión temporal hasta el arresto; respuestas no punitivas o educativas están fuera de la norma, sobre todo para las escuelas en comunidades de bajos recursos. Aunque la edición actualizada del Código de Conducta del Estudiante del distrito tiene la intención de hacer que la disciplina sea más equitativa y enviar el mensaje de que los estudiantes sólo deben ser suspendidos si son un peligro para sí mismos y los demás. Las posesiones de drogas no violentas son categorizadas como la segunda infracción más seria, la venta de drogas es la más grave, junto con incendio premeditado y abuso sexual.

Como resultado, miles de estudiantes enfrentan severas consecuencias por violaciones de drogas que involucran menos de 30 gramos de marihuana—un poco más de una onza.
En los últimos dos años escolares, 2,300 estudiantes fueron suspendidos por el uso de drogas, posesión o venta; 527 tuvieron una audiencia de expulsión, aunque sólo 22 fueron definitivamente expulsados; y 1,066 fueron detenidos, según datos del Sistema de Reportes de Incidentes Escolares, CPS y el Departamento de Policía de Chicago. (Datos de expulsión durante el 30 de abril)

Los números contribuyen a la tasa general de arrestos del distrito, la cual es más del doble que la ciudad de Nueva York y Los Angeles, aunque Chicago tiene menos de la mitad del número de estudiantes.

Cuando la policía se involucra en casos de drogas, el 99 por ciento de casos resultan en arresto. La Policía es llamada a las escuelas con mucha más frecuencia por incidentes de asalto o agresión, sin embargo, sólo alrededor del 25 por ciento de estos incidentes resultan en un arresto.

Mientras unas escuelas se apresuran a castigar con severidad, otras escuelas permiten delitos de drogas a una pequeña escala pasar fuera del radar.

Un estudiante de la secundaria Gage Park, una joven afroamericana, dijo que asistía a la escuela drogada la mayor parte del tiempo durante muchos años. El guardia de seguridad, algunos maestros y administradores sabían que ella fumaba marihuana y solo hablaron con ella. Pero no hubieron otras consecuencias.

Eventualmente, ella dice que su madre de crianza se dio cuenta de lo mal que estaba el problema y la ingresó a un programa de tratamiento de drogas. “Sólo necesitaba a alguien con quien hablar”, dice la joven, quien no puede ser identificada porque está bajo la tutela del Estado.

En la escuela secundaria Kelyvn Park, un joven latino dijo que la primera vez que fue sorprendido con algo de marihuana, sus padres fueron llamados y eso fue todo. La segunda vez fue suspendido. Pero su amigo añade que los estudiantes de la escuela son suspendidos por fechorías relativamente menores.

En algunas escuelas, las drogas, especialmente marihuana, no son un gran problema dado a otros desafíos en la comunidad. “Los estudiantes aquí tienen muchos problemas”, dice Ali Muhammad, director de Austin Polytech, una pequeña escuela secundaria al lado oeste de la ciudad. “Las drogas son sólo uno de ellos.”

Kathleen Kane-Willis directora temporal del Consorcio de Illinois Sobre Políticas de Drogas, señala que el consumo de drogas entre jóvenes es mucho más complejo que el uso de drogas en adultos. Incluso personas que apoyan la legalización de marihuana creen que los jóvenes deben enfrentar consecuencias cuando acuden a la escuela con drogas o drogados.

Sin embargo, Kane-Willis se preocupa por legislaciones que no son consistentes. Un estudio de la asociación lanzado durante la primavera, encontró que la gente en Chicago son mucho más propensos a ser arrestados por posesión de marihuana, mientras que la gente fuera de la ciudad son más propensos a ser multados, a pesar de una ordenanza de Chicago que permite dichas multas.

Estas diferencias se extienden entre las escuelas y distritos, algo que preocupa a Kane-Willis.

“Si usted no tiene una reglamento claro, entonces es como el salvaje oeste”, dice ella. “Es la variación en el sistema que lo hace injusto”.

A medida que el riesgo percibido por el consumo de marihuana baja, su uso entre los adolescentes está en aumento, según un reciente estudio realizado por el Instituto Nacional Sobre el Abuso de Drogas. Las encuestas han demostrado que hay poca diferencia entre adolescentes de la ciudad y los suburbios en el nivel de consumo de drogas, pero los jóvenes con mayor acceso al dinero y recursos son más propensos a consumir drogas mucho más fuertes como la heroína y la cocaína.

En muchos distritos escolares en los suburbios, los funcionarios han incorporado programas de educación y tratamiento como respuesta al problema. Algunas escuelas de Chicago recomiendan a adolescentes a programas, pero el distrito no tiene un enfoque general para proveer a los estudiantes con servicios de intervención.

Aún así, es imposible obtener un vistazo completo de cómo los distritos escolares fuera de Chicago abordan el tema de el consumo de drogas. La ley estatal requiere que los distritos reporten incidentes relacionados con drogas, así como los estudiantes sorprendidos con armas de fuego y ataques contra personal de las escuelas. Pero una investigación durante el 2012 por el Chicago Tribune encontró que los distritos estaban ignorando la ley, que se suponía iba a ayudar a padres a determinar la seguridad de las escuelas.

A raíz de la investigación del Tribune, los distritos escolares mas grandes, como Chicago, Naperville y Plainfield, comenzaron a reportar los incidentes. Pero hasta ahora, sólo el 16 por ciento de todos los distritos de escuelas públicas en el estado han cumplido con el mandato. La Junta de Educación de Illinois y la Policía del Estado de Illinois, que se encargan de la recolección de datos, dicen que no tienen la mano de obra para obligar a su cumplimiento.

En los últimos dos años, 139 distritos escolares han reportado más de 3,000 casos relacionados con drogas.

En general, el castigo más común para estudiantes sorprendidos con drogas es la suspensión. Y como en Chicago, existen disparidades. Los distritos escolares con más de la mitad de los estudiantes de bajos ingresos son mucho más propensos a tener estudiantes detenidos que otras escuelas, y son un poco más propensos a expulsar a los estudiantes.

Aunque anecdotalmente muchos funcionarios de escuelas en los suburbios dicen que ellos le ofrecen tratamiento o educación a los estudiantes para mantener baja la taza de suspensiones o minimizar las suspensiones por completo.

Sólo este año, la escuela secundaria Shepard en el suroeste de Palos Heights comenzó un contrato con el Centro de Rehabilitacion de Drogas Rosecrance. Un terapeuta de Rosecrance visita Shepard una vez por semana para proveer terapia a los estudiantes que han sido detenidos por posesión de drogas, drogados o bajo la influencia de el alcohol.

“Nosotros dejamos de expulsar”, dice Carleton Rolland, subdirector de Shepard. “Queremos ayudar a los niños. Queremos guiarlos por el camino correcto”. Si el estudiante continúa asistiendo a clases borracho o drogado, los administradores animarán a sus padres a ingresarlos en un programa de hospitalización o tratamiento ambulatorio, dice.

Rolland dice que nunca ha llamado a la policía para detener a un estudiante por un delito de drogas, pero si llama a la policía para confiscar las drogas.

En la escuela secundaria Stevenson en el suburbio de Lincolnshire, el distrito escolar tiene una estrategia para tratar con el consumo de drogas y la posesión, pero “no es un enfoque general”, dice el portavoz de la escuela. La guía escolar de Stevenson dice que los funcionarios pueden recomendar estudiantes con el oficial de recursos escolares, el título que muchos suburbios utilizan para el oficial de policía permanente en escuela. También dice que las autoridades escolares pueden suspender a estudiantes o recomendar su expulsión.

Para reducir el castigo, los estudiantes tienen la opción de asistir a un programa dirigido por Servicios Juveniles Omni dos veces por semana durante ocho semanas. Cristina Cortesi, la primera coordinadora de prevención de abuso de sustancias de Stevenson, dice que el programa educativo, llamado Siete Retos, tiene como objetivo que los estudiantes piensen críticamente sobre sus decisiones.

En el pasado, una segunda ofensa podría resultar en expulsión. Pero Cortesi, quien fue contratada este año, dice que están poniendo a prueba un programa en el que los estudiantes que cometan una ofensa son referidos a un programa mucho más intensivo de 12 semanas, que puede ser de hospitalización o tratamiento ambulatorio.

Después de la finalización del programa, las autoridades escolares consideran si la expulsión es necesaria, dice ella.

Cortesi también dirige diferentes grupos de apoyo voluntario para que los estudiantes reciban apoyo si están pensando en usar drogas, están actualmente participando o han completado un programa de tratamiento.

En Stevenson, cada estudiante con su primer ofensa tienen que participar en el programa Omni, dice Cortesi. Sin embargo, ella comento que en la escuela secundaria donde trabajaba anteriormente, algunos alumnos preferían una suspensión larga en lugar del programa Omni.

“Es frustrante”, dice ella. “Estamos limitados en el ámbito de lo que podemos hacer en ese momento, aparte de hacer cumplir las reglas de disciplina escolares”.

Ella dice que si los estudiantes continúan teniendo problemas con drogas, serán expulsados. “Pero en ese momento, las consecuencias no van a hacer la diferencia”, dice ella. “El tratamiento hace la diferencia”.

Ahora delitos de armas y drogas son las únicas dos categorías de infracciones que requieren ser notificadas a la policía bajo el nuevo Código de Conducta Estudiantil de CPS. Algunos distritos escolares en los suburbios lo dejan a decision de los administradores diciendo que la policia “podria” ser notificada.

Mathilda de Dios, una trabajadora social del Centro de Justicia de Familias y Niños de la Universidad Northwestern, dice que le gustaría que no fuera una opción ver estudiantes arrestados por delitos de marihuana. “En una ciudad dispuesta a multar a adultos, tenemos un doble estándar”, dice ella. “No hay ninguna razón por la que debemos hacer a la juventud más responsable”.

Es más importante, señala ella, que las escuelas traten los problemas de abuso de sustancias con apoyo.

Hasta ahora, la única manera en que un estudiante de CPS puede ser referido a un programa de intervención de disciplina del distrito es ir a través de una audiencia de expulsión. El nuevo código de conducta permite que los directores pidan una referencia directa.

Joel Rodríguez, uno de los organizadores de educación para el Proyecto Organizador de Suroeste, dice que esta opción es un cambio positivo. Pero el programa de intervención, llamado Smart, tiene lugar los sábados en el centro de la ciudad y a menudo estudiantes tienen que esperar semanas para ser admitidos.

A pesar del cambio de reglas en el código de conducta, sigue faltando una pieza fundamental, de acuerdo con Rodríguez y otros activistas: La falta de dinero para programas sociales y emocionales para ayudar a estudiantes a lidiar con problemas como el abuso de sustancias.

Algunas escuelas, desarrollan relaciones con organizaciones externas por su cuenta y después toman sus propias estipulaciones con los estudiantes. El decano de disciplina de la escuela secundaria Farragut, Francisco Torres, dice que este año su escuela desarrolló una relación con un centro de salud local que opera un programa de asesoría para los estudiantes. El recomendó a 10 estudiantes al programa en lugar de suspenderlos.

El resultado final: Sólo cuatro estudiantes fueron suspendidos en el año 2014 por posesión o venta de drogas, frente a 17 en 2013, de acuerdo con el Sistema de Reportes de Incidentes Escolares. Torres dice que los estudiantes no creen que el uso de la marihuana es un problema. Pero desde su punto de vista, el uso de drogas y la actividad de las pandillas están entrelazados. “Si podemos evitar que consuman drogas, también podemos impedir que acudan a pandillas”, dice.

Otras escuelas dependen de los padres. La escuela secundaria de Lincoln Park, reportó 68 incidentes relacionados con las drogas en 2013 y 39 en 2014, según el Sistema de Información. De esos 56 eran por el consumo de drogas, 51 por posesión y venta. La mayoría de los estudiantes que tenían drogas fueron suspendidos. Pero en el 20 por ciento de los casos, 23, oficiales generales de la escuela marcaron la casilla “otro”.

El decano Donovan Robinson dice que en los últimos años, un menor número de estudiantes ha sido sorprendido en la escuela con drogas o bajo la influencia.

“Podemos sentarnos a hablar con ellos y poner a sus padres por teléfono”, dice Robinson, quien le da las drogas confiscadas a la policía y tira parafernalia en la basura.

Cecilia Farf, subdirectora de la escuela secundaria de World Language, dice que los estudiantes deben ser detenidos si se les encuentra con posesión de drogas. Pero eso no sucede a menudo. El año pasado, Farfán dice, la escuela tuvo sólo un caso de posesión de drogas. El estudiante llevó tres o cuatro bolsitas de marihuana a la escuela y fue acusado de posesión con intención de distribuir .

“Nos sorprendió que era él. Él viene de una muy buena familia”, dice Farfán.

Ella dice que ella ha tenido estudiantes sospechosos de estar drogados o borrachos. Pero es difícil. “A veces llamamos a los padres y les pedimos que recojan al estudiante por un día , ya que es una responsabilidad”.

La escuela no tiene dinero para programas de prevención o para el asesoramiento , ya sea por abuso de sustancias u otros problemas. Los consejeros tratan de ayudar a los estudiantes que parecen tener problemas, pero sobre todo hacen referencia a programas externos.

“Tenemos que concentrarnos en lo académico, calificaciones de exámenes, la lectura, la Ley de preparación”, dice Farfán. “Consejería de drogas y la prevención no es algo en lo que nos gastamos el dinero”.

Rick Velásquez , director ejecutivo de Youth Outreach Services, dice que definitivamente ve una diferencia en cómo se ve y se maneja en CPS el consumo de drogas en las escuelas en comparación a los suburbios. Youth Outreach Services, que tiene un contrato con el Condado de Cook para ofrecer programas de desvio juvenil en Chicago y en todo los suburbios, ofrece recursos a una mezcla de suburbios ricos y pobres, así como en la ciudad.

“Los suburbios son más propensos a tomar la perspectiva de salud”, dice. “Ellos también están preocupados por el riesgo”.

Velásquez dice que en un momento, su organización fue contratada para hacer programas en CPS, pero que el trabajo ha quedado corto.  “Las escuelas están tan concentradas en el rendimiento y exámenes que no ven al joven en general”, dice. “Ellos no los ven de manera integral”.