Agency Profile: St. Joseph Youth Group

Hanging alongside a wall inside the St. Joseph Parish gym is a large black-framed bulletin board decorated in a collage of images, displaying, in brazen detail, past members and events of the St. Joseph Youth Group.

“This kid right here is on his way to becoming a Cook County correctional officer,” said St. Joseph Youth Group mentor Juan Hernandez, as he pointed to an image of a young man cleaning a neighborhood street. “And this young lady here is an amazing baker. She went to culinary school and is now thinking of studying business to open up her own shop. She’s a smart girl.”

On and on, Hernandez points to the various images, remembering with great joy the youth he’s mentored over the years and commenting on the successful path each one has taken since aging out of his youth group. The group, which takes on kids 13 to 18 years of age, is currently in its second incarnation of youth, yet not much has changed since Hernandez took over six years ago with the intention of keeping youth off the streets and encouraging them to do something productive.

“The youth group used to be a group that would just do the cool stuff—the hanging out at the gym, playing ball—but I wanted to give the group a purpose,” said Hernandez. “What I ended up doing was requiring them to do community service in their own neighborhood. If they completed their service hours then they were allowed to do the fun stuff.” Today, the 20-member youth group volunteers its time cleaning up the neighborhood, painting over graffiti and helping out at events at St. Joseph Parish.

The group is youth-led and is made up of a four-person council—a president, vice president, secretary and treasurer. The council is responsible for planning all group activities, community service opportunities and outings, such as trips to Six Flags Great America, White Sox or Cubs games, and sometimes even paintballing. Juan Montoya, 15, is the current president of the youth group.

“It’s young people, your nature, and you’re around your people,” commented Montoya on the reason he enjoys being part of the youth group. “I’m the leader. [My peers] tell me what they want to do and I set it up.”

Empowering youth through leadership positions is part of Hernandez’s mission for the youth group. Every Monday night when the group meets, he allows the youth to make their own decisions on the structure of the program and creates a space (called “family time”) that permits youth to open up and talk about issues important to them. It’s a safe harbor of sorts that teaches youth to be responsible not only for themselves but for others as well.

“They understand that if they want to be successful, they have to apply themselves at something,” said Hernandez. “The way I look at it is, if we as mentors can make a difference, then that’s one less kid we lose to the streets. If everyone reached out and helped one kid to keep them off the streets I think we would make a huge difference in the crime rate in the area.”

As Hernandez says this, he can’t help but look up at the collage of pictures.

“As mentors, we invest a lot of our own time, our own energy or even sometimes our own money. When we see the results and kids are actually going and moving forward that’s a big accomplishment. It gives you a feeling of accomplishment that you actually made a difference.”

 

Agency Profile: Grupo de Jóvenes San José

Colgado de la pared dentro del gimnasio de la Parroquia San José se encuentra un gran boletín negro enmarcado y decorado con un collage de imágenes, que exhibe, con intrépido detalle, a los antiguos miembros y los eventos del Grupo de Jóvenes San José.

“Este joven de aquí está en camino a convertirse un oficial correccional del Condado de Cook”, dijo el mentor del Grupo de Jóvenes San José, Juan Hernández, mientras apuntaba a una imagen de un joven que limpiaba una de las calles del vecindario. “Y esta joven de aquí es una fantástica pastelera. Fue a la escuela culinaria y ahora está contemplando estudiar negocios para abrir su propia pastelería. Es una chica inteligente”.

Y así siguió Hernández, apuntando a varias imágenes, recordando con gran alegría a todos los jóvenes que ha guiado al paso de los años y comentando sobre la exitosa trayectoria que cada uno ha seguido desde que salieron de su grupo de jóvenes. El grupo, que se enfoca en jóvenes de 13 a 18 años de edad, actualmente en su segunda generación de jóvenes, no ha cambiado por mucho desde que Hernández lo comenzó a dirigir hace seis años con la intención de mantener a los jóvenes alejados de las calles y traerlos a algo productivo.

“El grupo juvenil solía ser un grupo que sólo realizaba actividades divertidas—como pasar el rato en el gimnasio, jugar a la pelota—pero quería darle al grupo un propósito”, dijo Hernández. “Lo que terminé haciendo fue requerirles que hicieran servicio comunitario en su propio vecindario. Si completaban sus horas de servicio entonces se les permitiría hacer todas las actividades divertidas”. Hoy, el grupo de 20 miembros ofrece voluntariamente su tiempo para limpiar el vecindario, pintar sobre el grafiti y ayudar en eventos de la Parroquia San José.

El grupo es dirigido por jóvenes y está compuesto por un concilio de cuatro personas—un presidente, vicepresidente, secretario y tesorero. El concilio es responsable de planear todas las actividades del grupo, oportunidades de servicio comunitario y salidas, como los paseos a Six Flags Great America, y a los partidos de los White Sox y Cubs, y a veces al paintballing (lanzar bolas de pintura). Juan Montoya, 15, es el actual presidente del grupo de jóvenes.

“Son jóvenes, tu ambiente, y estás rodeado de tu gente”, comentó Montoya acerca de la razón por la que disfruta ser parte del grupo de jóvenes. “Soy el líder. [Mis compañeros] me dicen lo que quieren y yo lo organizo”.

Darle el poder a los jóvenes a través de posiciones de liderazgo es parte de la misión que Hernández tiene para el grupo de jóvenes. Cada lunes por la noche cuando el grupo se reúne, él permite que los jóvenes tomen sus propias decisiones acerca de la estructura del programa y crea un espacio (llamado “tiempo familiar”) que le permite a los jóvenes abrirse y hablar de las cuestiones que son de importancia para ellos. Es un refugio seguro que enseña a los jóvenes a ser responsables no sólo con sí mismos pero también con los demás.

“Ellos entienden que si quieren ser exitosos, tienen que aplicarse a algo”, dijo Hernández. “De la forma que lo veo es, que si nosotros como mentores podemos hacer la diferencia, entonces es un joven menos que perdemos en las calles. Si todo mundo se acercara y ayudara a un niño para mantenerlo alejado de las calles, creo que haría una gran diferencia en los índices de crimen del área”.

Mientras Hernández dice esto, no puede evitar volver a ver el collage de fotografías.

“Como mentores, invertimos mucho de nuestro tiempo, energía e inclusive hasta nuestro propio dinero. Cuando vemos los resultados y los niños realmente están yendo y avanzando, eso es un gran logro. Te da una sensación de logro porque en verdad hiciste la diferencia”.

 

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